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Posts Tagged ‘Shine a Light’

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una experiencia musical que sutilmente se aproxima al mito de Prometeo, caracterizado en esta oportunidad por los sexagenarios The Rolling Stones. Y es que tal como el Titán de la mitología griega, el cuarteto de bretones ha robado el fuego sacro de la divinidad olímpica y lo han utilizado en pos del rock & roll. Y es esa en efecto la gentileza que nos entrega este registro, ya que Martin Scorsese logra, entre interpretaciones, tratar el tópico de la eterna juventud de los Stones, sazonándola con aquellos toques de humor característico de sus entrevistas a través de los años. Es así como podemos apreciar a un joven Mick Jagger decir que quizás como banda continuarían quizás por un año más; todo esto en plena década de 1960.

Y es de esta forma como Scorsese fomenta el moderno mito de los Stones, tanto mostrando la envidiable vitalidad de sus integrantes en escena (todavía no logro explicarme cómo Mr. Richards continúa vivo), como revelando su desarrollo personal como estos seres que no se rigen por ley natural alguna. Ojo, que no se los trata ni como si fuesen farándula ni como modernos pensadores, sino tal y como deben ser: un misterio para su público cada vez más diverso, etáreamente hablando.

Los Stones junto a Buddy Guy, uno de los tantos y variopintos invitados de la velada.

En suma es como ver un recital, pero en la pantalla grande (ojo que el organizador del evento es Bill Clinton). Sin embargo, Scorsese no se anima a mostrarnos el vetado backstage, sino en los primeros minutos del registro. Se echa de menos el adentrarse en el averno de la trastienda, a lo que Marty sólo nos calma con muy poco metraje al respecto, calmando nuestra sed de curiosidad. A este respecto Scorsese falla en lo que Adrian Maben conquistó en Live at Pompeii, el sicodélico registro de Pink Floyd de 1972 en las ruinas de Pompeya. No obstante, y gracias a la energía desplegada en escena, al manejo de Jagger con su público, a esos momentos genialmente improvisados, es que podemos afirmar que los ingredientes fueron entregados y sazonados por los Stones y que Scorsese sólo ofició de cocinero, no como chef.

Richards proponiéndole a Scorsese un par de tomas minutos antes de empezar el show.

Quizás una experiencia total para el verdadero fanático de los Rolling Stones (y de sus múltiples invitados), no tanto así como para el seguidor acérrimo de Martin Scorsese, quien al principio lo vemos tan rockstar como Mick y compañía, pero que desaparece al momento que las luces del Beacon Theatre se encienden y las guitarras de Richards y Woods estremecen a la audiencia, seguidos del compás del siempre flemático Watts. 

Sorprendente es la vitalidad de estos viejos para producir un ambiente tan hedonista.

Por sobre todo, Shine a Light es un festín dionisiaco desde el Olimpo del Rock.

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