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Archive for 22 octubre 2008

Una extraña pandemia ataca rápidamente a la humanidad, comienza con un hombre que queda ciego, sigue con su oftalmólogo, con el hombre que le ha robado, con otra paciente del oculista, y así la “ceguera blanca” se esparse rauda por los canales sociales. El gobierno no sabe qué hacer, especialistas se juntan para declararse en ignorancia y para evitar lo inevitable los militares encierran en cuarentena a todos los infectos por el mal.

Pero sólo una mujer, la esposa del médico, es la única que puede ver, que no ha perdido la visión. Pero ella acompañó a su esposo al hospital de cuarentena. Muy pronto se dan cuenta que los han dejado solos, que la ayuda no llegará y que deberán valerse por ellos mismos. Una sociedad de no videntes surgirá de la nada, donde una mujer mantendrá su secreto y ayudará a su marido a dirigir esta comunidad.

"Lo único más aterrador de la ceguera es ser la única en poder ver."

Basada en la novela del escritor portugués José Saramago Ensayo de la ceguera, la versión cinematográfica (Blindness) es un apólogo en 35 mm. sobre lo mejor y peor de nuestra sociedad. La sociedad entre la adaptación de Don McKellar y la dirección aurea de Fernando Meirelles, nos provee a los espectadores de una visión crítica humanista a los defectos de cada persona que se ve privada de la libertad, teniendo a la ceguera como símbolo perenne de lo que no queremos o no podemos vislumbrar.

Podemos apreciar que los distintos caracteres, aparentemente distintos entre sí, se ven forzados a (sobre)vivir en conjunto, y de esta sociedad comenzaremos a apreciar que esa aparente disarmonía social, y al no reconocerse como entes materiales, dejan fluir aquellos sentimientos que quizás solo manifiestan con los que consideran iguales (esposos, hermanos, amigos…).

El pavor y el miedo generalizado a veces dan como fruto a las duras dictaduras.

Alice Braga es la mujer de anteojos oscuros, quien se hace cargo del único niño que se encuentra en el hospital; sabemos que trabajaba de prostituta y que sólo cuidaba de sí misma. Gael García Bernal es el autodenominado rey de la sala tres, un barman y aparente chulo que tras el pánico colectivo, sumado a sus propios miedos, crea una tiranía de ciegos que permutarán lo que sea por la comida que ellos controlan. Mark Ruffalo es el doctor que se hace cargo del liderazgo de su pabellón, pero que no puede cuidarse a sí mismo, ya que su esposa (Julianne Moore) es la que le hace todo y es la verdadera líder de la pequeña sociedad. Danny Glover, el hombre del parche en el ojo, es quien representa al narrador omniciente, que si bien no todo lo sabe sí conjetura lo que más allá de cada portal hay.

El hecho de que los protagonista, así como en la novela, carezcan de nombres propios, le otorga un toque carente de arbitrariedad y suma humanidad, nunca se preguntan quienes son, cuales son sus nombres, y quizás no hay tiempo para esas nimiedades, no obstante se aprenden a respetar y a querer como una verdadera familia.

Él es el único feliz en esta crísis, a quien no le importa el color o las facciones de los demás. Quizás él sea el que más claro ve.

Ceguera es una obra maestra en su generalidad y sus dos horas de duración bien valen la pena el disfrutarlas y recapacitarlas a la vez que vemos el debacle de la normalidad, de la aparente felicidad de la regla, de la regularidad, y el nacimiento de una nueva, pero posiblemente corta, humanidad, la de los sentimientos, de la importancia del ser y su contenido.

Sin duda, el recelo de Saramago se verá truncado por la sublime versión fílmica de su obra meastra. 

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Hace nueve años atrás, el psiquiatra forence Jack Gramm (Al Pacino) condenó a Jon Forster, un asesino con un peculiar modus operandi, a la pena capital. Gramm, colaborador del FBI, hizo caso omiso de la jurada venganza de Forster (Neal McDonough) y prosigió su carrera de académico en una universidad del estado de Nueva York.

El problema es que nueve años después aparece otra víctima fatal tormentada mediante el mismo método de Forster. El dilema es que los casos se van sucediendo y el principal inputado se encuentra tras las rejas esperando su pronta ejecución.

¿Quién es este asesino? La respuesta no tarda en llegar a modo de un llamado telefónico que condena al Dr. Gramm a 88 minutos de vida.

El Dr. Gramm recive el llamado de su vida, pero comienza a psicopatearse aún antes de hacer algo.

La premisa del film no es nada nuevo bajo el sol, pero el director Jon Avnet se empecina en situarnos en la desconfianza total de Jack Gramm, el afamado psiquiatra que de un minuto a otro va perdiendo credibilidad primero por los cuestionamientos a que si realmente no fue Forster el asesino de antaño, y de paso dañando la reputación del propio Gramm al acusársele de ocultar evidencia y juramentar en vano. Por otro lado, Jack entra en una paranoia que se acrecenta cada minuto que pasa, y en el cual comienza a dudar de sus propios estudiantes de cátedra, los mismos a los que él mismo toda la confianza les ha dado.

El error en la película radica en mostrar ciertas actitudes de seductor en un hombre aquejumbrado por la rudeza de la realidad, un solterón que de vez en cuando disfruta de la compañía de sensuales y jóvenes señoritas, en suma un patético estereotipo del viejo verde, pero interesante y platudo, un símil del Hollywood actual, diría yo. Entonces resulta nefasto el que sus co protagonistas resulten ser chicas que más parecen sus nietas. Mal. pensandolo bien, hubiera estado mucho mejor Dennis Quaid en las botas del estepario psiquiatra o bien haber envejecido a sus noveles colaboradores.

Forster intenta convencer a la opinión pública que Grimm faltó a la verdad y sentenció a un hombre inocente.

Pero volviendo al bueno de Al… Pacino es un actorazo que bien ha superado a De Niro en la artesania del oficio actoral ya que se atreve a más y no se encasilla en comedias baratas, pero en 88 Minutos, Al hace de Al. Lamentablemente ni con su prestancia logra reflotar una cinta que comienza muy interesante, pero que se hunde no más pasada la media hora.

La guinda de la torta está al final… y no quiero adelantarles lo burdo de esa escena, sólo decirles que en verdad no es culpa del guión esta vez, porque es bastante ingenioso para un thriller de suspenso (si es que existe algo así después de Se7en), no mis estimados lectores, el problema no radica en el libreto de Gary Scott Thompson, sino que es totalmente culpa de la elección (y la edad) de sus personajes, y por qué no decirlo, de la cantidad de ellos. Mala elección porque no es una película coral, sino más bien la historia de un hombre, sus errores, su juicio y el tema de su hermana menor que no fue bien presentado y que de haber sido así, quizás hubiera salvado un poquito la vorágine de más de 88 minutos.

Como es común en Hollywood, mientras más viejo el protagonista, más joven es la contraparte femenina.

Pacino está como siempre, pero no genial, sino ensombrecido por la mala elección de sus contrapartes. Alicia Witt, que interpreta a Kim Cummins su ayudante en el campus y con un historial de inverosímiles historias, es un mero acompañamiento para el alicaído Grimm; mientras, Leelee Sobieski, una vez catalogada como promesa dentro de la industria, termina por opacar lo que pudo haber sido una entretenida película de buenos, malos y engaños.

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Dos hermanos muy unidos, Ian (Ewan McGregor) y Terry (Collin Farrell), intentan perseguir sus sueños y dejar de lado su para nada desagradable vida. Ian necesita dinero para conquistar a una hermosa actriz e invertir en ciertos hoteles en California; Terry para pagar una cuantiosa suma que perdió en una mano de póker. Ambos son buenos chicos, pero en demasía ambisiosos; uno aparenta lo que no es, el otro se juega hasta lo que nunca tendrá. La solución es pedirle dinero prestado al tío Howard (Tom Wilkinson), exitoso empresario que estará en Londres por unos días. El afable Howard nunca ha olvidado a su familia, pueden contar con él.  Pero el bueno de tío Howard también está en problemas, un ex socio lo quiere demandar a la justicia ya que sabe ciertas cosas que lo podrían hundir. Necesita que sus sobrinos lo eliminen, que parezca accidente, les dice. Entonces, ¿cuán lejos podrán llegar para acceder a sus sueños? pero el problema no está tan sólo en cometer asesinato… sino en cómo llevarlo por el resto de sus vidas.

Woody Allen termina con El Sueño de Cassandra su trilogía de películas situadas en Londres (Match Point y Scoop), y accede a los trabajos del escocés McGregor y del irlandés Farrell para que interpreten a estos hermanos que se encontrarán en la disyuntiva de sus vidas, logrando que naveguen en una historia personal del bien y el mal, de lo justo a lo injusto. Y bien sabemos que de historias personales Allen sabe bien manejar.

Terry e Ian, a pesar de ser distintos en caracter, son muy unidos pese a toda interrogante.

El Sueño de Cassandra cuenta con un guión que si bien no es original en su desarrollo ya que podemos prever lo que sucederá, eso no es lo importante en él, sino en el cómo se relacionarán sus personajes con la ética social y personal a la que se enfrentarán, por lo tanto es un trabajo muy intimista no dirigido a cualquiera, ya que su cadencia es la vida real. Y lo interesante de la cinta es que las vidas de Ian y Terry no son trágicas para tan cruenta resolución -si bien el restorán de su padre está casi en la ruina, cuentan con los lujos que muchos quisieran disfrutar-, sino que el tema de acceder a otros beneficios económicos y sociales son la tónica que marcan el destino que se impuso Ian, ser otra persona, ser exitoso, ser como Howard (como su madre siempre le ha enrostrado al trabajador pero falto de toda suerte padre). Y es Ian la fuerza avasalladora que empuja al simple de Terry a ir en tan funesta misión.

El exitoso tío Howard también tiene sus problemillas y también necesita de ayuda.

¿Hasta donde podemos llegar? ¿Cuál será el precio a pagar para cambiar nuestro futuro? Esas son las sabrosas interrogantes que nos entrega Woody Allen. Bien sabemos que el dinero no hace la felicidad, pero sí que la administra bien. Entonces, cuál es el grado de ambición para dejar la moral de lado y quitarle la vida a otro ser humano para que la nuestra mejore considerablemente. Sabemos que eso es algo amoral, pero el asesinato por conveniencia es algo muy, pero muy humano, la historia se ha encargado de recordárnoslo.  

El Sueño de Casandra es el nombre del velero que compraron los hermanos y en él discuten sus propias ilusiones.

El Sueño de Casandra es una película para conversar con los amigos y discutir acerca de las propias avenencias con la moral y la ética.

El único pero es en cuanto a la realidad social de los personajes. Si bien la idea del guión nos hace pensar a fondo, no logra reflejar la realidad de estos jóvenes londinenses. Quiero decir que la historia puede funcionar tanto en Nueva York o en Singapur como en Londres, algo que hace más afable la tesis de la historia; no obstante, y a lo largo de toda la película, no pude de pensar en cómo Jim Sheridan o, incluso Danny Boyle podrían haber manejado, desde sus propias perspectivas, el tema universal de la historia, y de paso, dejarnos un poco de lo folclórico del cine bretón o irlandés.

Al respecto, Woody Allen podrá viajar por todo el mundo, pero quizás nunca refleje la realidad de los paises en donde rueda.

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En la promoción de este thriller se nos dice que de 21 millones de pacientes que entran al quirófano, 1 de cada 700 queda en un estado denominado “percepción intraoperatoria”, en la cual el afectado mantiene todos sus sentidos en alerta con la excepción de que no se puede mover ni hablar.

La premisa de Bajo Anestesia (Awake) despierta lo más horroroso que a alguien le podría pasar y que de vez en cuenta nos sucede al momento de despertar en cuanto los músculos y tendones continúan en completo descanso mientras no podemos movernos, ni pedir por ayuda, sólo observar y abandonarse en la desesperación absoluta.

Al joven yuppie Clayton Beresford (Hayden Christensen) pareciera sonreírle la vida, es millonario, es un genio en inversiones y tiene una madre que por sobre todas las cosas lo adora (Lena Olin). Ha estado saliendo con la hermosa Samantha (Jessica Alba) y se han comprometido a casarse, no obstante la madre de Clay no aprueba dicho enlace. El problema es que Clayton padece de una falla en su corazón y necesita un trasplante urgente, y ante las vanas súplicas de su madre Lilith, quien le ha conseguido al mejor cirujano, Clay sólo confiará en su amigo Jack Harper (Terrence Howard), el médico que lo salvó de su primer ataque.

Todo pareciera mejorar al momento en que llega el aviso de un corazón listo para ser trasplantado. Clay se prepara, se casa con Sam, ordena sus papeles y se alista para entrar al quirófano. El problema es que la anestesia sólo lo ha dejado inmóvil, y siente y oye todo lo que sucede a su alrededor. Pero a la larga descubrirá que el horrible dolor que experimenta es sólo el menor de sus problemas, ya que descubre una vil conspiración en su contra.

Clay y Sam son aparentemente la pareja perfecta, pero el corazón de Clay necesita urgentemente cambiado por uno funcional.

Bajo Anestesia es un film cuyo guión es casi perfecto, su historia es interesante y atractiva para el espectador afanoso del ritmo acelerado de los buenos thrillers, pero lo interesante de la intriga cae en picada por ciertos modelos de narración inapropiados para el film y totalmente inverosímiles para la concatenación de los hechos, pero por sobre todo por la mala elección del protagonista.

Hayden Christensen, más conocido como el joven Anakin Skywalker, es un rostro (nótese el adjetivo) que no entrega emoción a la cinta, emoción que es necesaria para la rectitud de la historia. En otras palabras, el dolor que siente Clayton y que en ciertas partes lo demuestra gráficamente lo que él mismo se imagina y/o se extrapola de su realidad, es una burla a la exigencia del espectador. Es más sufrido su Darth Vader al momento en que le cercenan sus apéndices.

El bueno de Jack es quien salvará a Clay de una prematura muerte.

Creo que lo mejor hubiera sido dejar a Christensen tendido en la mesa de operación, inmovilizado “bajo anestesia” que verlo corriendo desesperado por los pasillos de la clínica pidiendo por ayuda.

Jessica Alba, se mantiene como siempre, pero no llega al tono deseado para el clímax de su personaje. La chica es guapa, sensual y emotiva, pero le falta ahondar en los diablillos de la actuación. No obstante se agradece verla en pantalla.

Pero quien se lleva todos los elogios es el versátil Terrence Howard, quien se acerca a lo que solía ser el primer Denzel Washington hasta Malcolm X. Ya lo vimos en otro secundario en Iron Man; pero el personaje de Jack Harper es sin dudas alguien a quien temer.

A Lilith sólo le interesa el proteger a su hijo de todo factor externo.

Bajo Anestesia pudo haber sido buena, pero hay ciertos errores que pudieron ser enmendados si es que el debutante director Joby Harold hubiese pedido ayuda en su elaboración.

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Space Chimps

Debido a que una nave exploratoria no tripulada, con información acerca de la vida en la Tierra (¿les suena familiar?) ha sido tragada por un Agujero de Gusano, para poder investigar qué hay al otro lado de ese fenómeno galáctico es que planean una misión comandada por chimpancés. El problema es la publicidad, y es por ello que deciden “reclutar” al nieto del primer chimpancé que viajó a la Luna; el único drama es que Ham III es un mono que ha dedicado su vida a ser la estrella principal de un circo, y lo único que desea es mantener su estatus de pequeña celebridad al mismo tiempo que se queja de haber vivido siempre a la sombra de su célebre abuelo.

Esta animación es el producto de un pequeño estudio de nombre Vanguard Animations y Space Chimps es su tercera producción. Claro que esta se ha visto opacada ya que no pertenece a la gigante Pixar, ni menos a Dreamworks, por lo que a nivel de taquilla no le ha ido muy bien en los Estados Unidos. Cierto, no es material Pixar, pero es una película bastante animada (ojojoj), de muy rápido montaje, sutiles chistes a la cultura pop, y muy buenos caracteres y diálogos (sobre todo en el cómo Titán le explica a Ham que sí es un astronauta… imperdible).

Ham III alucina con su esforzado trabajo, pero se emociona cuando está cerca de la Luna.

El único pero de Space Chimps radica no en lo alocado de la aventura de la historia, sino en los escuálidamente mal diseñados personajes que la tripulación encontrará al otro lado del Agujero de Gusano. No puede ser que con tal competencia y a estas alturas de la historia de la animación, hagan personajes que hacen ver mejor a Bill y Mike de Bilz y Pap.

La tripulación chimpancé logrará lo que ningún humano ha logrado jamás.

No obstante, el resto de la historia se mantiene gracias a lo veloz que es el guión. Espero que le vaya bien en boletería, que harta gente la vaya a ver, porque bien sabemos que las animadas de hoy en día siempre dan que hablar. Cierto que no es Shrek, ni tampoco Wall-E, pero Space Chimps se merece una revisión.

El trabajo en equipo es la enseñanza de la misión. Ningún hombre es una isla. Al parecer ningún mico tampoco.

Hilarante, veloz e inteligente. Unos cuantos guiños para el cinéfilo, a la vez que es tan buena para grandes y chicos.

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