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Archive for 30 septiembre 2008

Ben Carson (Kiefer Sutherland) un ex policía que debido al haber matado por error a un agente encubierto, ha perdido casi todo, su esposa Amy (Paula Patton) no le habla, ve muy poco a sus hijos y vive en el sofá de su hermana menor Angela (Amy Smart). Cansado de tomar antidepresivos y de refugiarse en la bebida, Ben decide trabajar como guardia nocturno en un enorme edificio que antes perteneció a una gran tienda de ropa que fue consumido por un extraño incendio que cobró la vida de cientos clientes. Todo va bien hasta que comienza a darse cuenta que las imágenes que reflejan los pulidos espejos le muestran cosas que no están realmente y que recuerdan al siniestro. Ben no sabe qué pasa y le echa la culpa al estrés, pero estas alucinaciones comienzan a perseguirlo, a atacarlo susurrarle un apellido. No obstante, y ante la ingravidez de Ben, los reflejos lo siguen hasta donde sus seres queridos. Ha llegado el momento de actuar.

El cineasta francés Alexandre Aja, que en Hollywood saboreó el éxito gracias a The Hills Have Eyes, película que revisita el subgénero del gore de los ’70 que comenzó aquella insigne película titulada The Texas Chainsaw Massacre, y que en su Francia natal realizó Alto Voltaje, cinta de similar corte, se vuelve a unir al guionista Grégory Levasseur para darle un toque occidental al script de Sung-ho Kim y su versión original de Mirrors.

¿Cuánto aguantarías en un edificio cuyos espejos reflejan sórdidas y tenebrosas imágenes?

El espectáculo que nos brinda Aja está lejos de lo macabro de sus anteriores películas, y aquí nos adentramos al otro miedo, a ese de lo que no podemos ver ni explicar. Y qué mejor que utilizar los espejos para transformar nuestras pesadillas en realidad, como portales a lo oculto, a aquello que se oculta en el reflejo del yo. Esta imagen que nos ayuda para separar nuestra individualidad del todo, es en Espejos Siniestros el puente en el cual los espíritus en pena pueden utilizar para concretar su venganza, y la idea del que nuestro protagónico sufra las consecuencias físicas solo en su reflejo, pero las reminiscencias tañidas en su yo corpóreo hacen del más fuerte espectador grito ahogado en la platea.

La dulce Angie intenta apaciguar al cada vez más agobiado Ben.

Kiefer Sutherland viste nuevamente el papel que lo ha consagrado, ya que Ben Carson es otra adaptación de Jack Bauer, para bien o para mal, eso lo decide el espectador. Por lo menos le resulta la gracia al hijo de Donald, aunque en vez de policía, bien podría haber tenido otra profesión, periodista quizás; al parecer las cosas se le dan mejor a un uniformado, aunque eso revista en el exceso de las armas y los contactos policiales.

¿Locura o realidad? Ben deberá de actuar rápidamente no importando el resultado.

Si bien, Espejos Siniestros es una película que impacta por su veracidad efectista y nos lleva a un mundo siniestrado habitado por un sinnúmero de almas en pena, esta va un poco más allá hasta quemarse a sí misma en el desenlace, y es que hay veces en que el director se envicia y tira todo a la parrilla.

Entretenida película de interesante y expectante desarrollo, que cuenta con un excelente final, pero con un clímax demasiado efectista que bien pudo haber sido trabajado mejor para no agobiar al espectador.

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Ya casi no se hacen, o no nos llegan, historias cuyos personajes ya han pasado la frontera del medio siglo; ni mucho menos que estas historias sean en clave romántica. Bien sabemos que el amor no conoce límites, pero eso en Hollywood es algo que bien pasan por alto para añadir más estrellas al firmamento del celuloide, muchas de ellas que se apagan al año de su estreno en sociedad. No obstante, la producción de Noches de Tormenta (Nights in Rodanthe) no sólo hace caso omiso a la media, sino que vuelve a unir por tercera vez a intérpretes tan prolíficos como la dupla Lane-Gere.

Adrienne Willis (Diane Lane) aprovecha el fin de semana en que su ex esposo se llevará a sus dos hijos de viaje, para ir a cuidar el hostal de su amiga Jean en el solitario borde costero de Carolina del Norte. Paul Flanner (Richard Gere) es un cirujano que, acongojado por la muerte en pabellón de una paciente y por la distancia de su hijo, decide vender su casa e ir un par de días al alejado hostal de Rodanthe que cuida Adrienne. Por la lejanía del lugar, lo mágico de la enorme casa, la letanía de sus caracteres y la amenaza de un huracán, hacen que Adrienne y Paul se conozcan, entablen amistad y se enamoren profundamente, revitalizando sus decaídas existencias. No obstante, Paul debe viajar fuera del país, pero continuarán su distante relación hasta el momento en que vuelvan a encontrarse, luego de seis meses de separación.

Diane Lane nos muestra que una actriz madura todavía puede estar vigente en Hollywood.

Nuevamente asistimos a una narración cinematográfica que se produce gracias al artífice artesanal de una buena historia contada en el lenguaje cinematográfico. Claro que Noches de Tormenta es un best-seller de Nicholas Parks, también autor de The Notebook, obra llevada al cine unos años atrás. No obstante, el ejercicio de llevar al celuloide historias simples de seres humanos comunes y corrientes que se enfrentan a situaciones que bien cambiarían su destino (como ya revisamos en Camino a la Redención), nos recuerda lo que pocos guionistas saben hacer bien: el mantener la atracción del público en una historia carente de inverosimilitudes; el verdadero arte del cinematógrafo.

Si bien Richard gere es el mismo de siempre, es innegable su química con la bella Diane Lane.

Ahora bien, cierto es que Noches de Tormenta es una película para un segmento de la población de espectadores muy débil en nuestro país, situación que lamentablemente auguro que será sacada de cartelera antes de cumplir un mes. Honestamente espero equivocarme, ya que si bien es la historia de una pareja, Noches de Tormenta se las juega por presentarnos más en escena a Adrienne por sobre el personaje de Paul, lo que lo hace muy atractivo para mujeres que ya pasaron los cuarenta y no se sienten identificadas (factor de suma importancia en el negocio) con noveles estrellas como Megan Fox.

Esta bellísima casa pudo bien haber sido un personaje importante en el desarrollo de la historia.

Por otro lado, la artesanía fílmica de la película, su facturación tanto técnica como narrativa es muy buena. Si bien, la mayoría del relato se centra en la increíble casa-hostal de Rodanthe, un segmento no menor se sitúa ya en la ciudad y en el extranjero, como así en los recuerdos del doctor y los últimos relatos de su hijo Mark, interpretado por el talentoso James Franco. En lo personal creo que la historia hubiera sido perfecta si olvidamos los factores externos físicos (la ciudad, el extranjero, incluso los recuerdos) y la premisa hubiese sido desarrollada en su totalidad en la solitaria playa, en la magnifica casa y con la ayuda del pequeño poblado y su comunidad. Con estos tips Noches de Tormenta hubiese sido una fiel candidata al galardón de la Academia.

Entrañable la historia de Noches de Tormenta, recomendable para aquellos románticos de la vida, para aquellos que se acercan a los cuarenta –y más allá–, y especialmente para aquellas chicas que creen que el amor siempre llega. Con una muy buena actuación de la cada vez más hermosa Diane Lane que, sin duda alguna, le roba protagonismo al sufrido Richard Gere. Una película esencial de esta temporada.

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Siguiendo los pasos de todo buen thriller que ahonda en conspiraciones tipo Enemigo del Estado o alguna que otra novela de Tom Clancy, Control Total (Eagle Eye) va un paso más allá en lo que concierne a maquinaciones esta vez virtuales y totalmente fuera de cualquier lógica momentánea.

La película es producida (ejecutivamente) por Steven Spielberg por lo tanto ya nos aventuramos a una aventura dentro de la multisala, ya que Stevie pocas veces se equivoca, y claro, si lo que el espectador desea es un viaje adrenalínico, cual montaña rusa en celuloide, Control Total es la película a ver esta semana.

Le llegó el momento a Jerry por hacer algo con su vida... aunque alguien lo esté forzando.

Todo comienza cuando el despreocupado Jerry Shaw (Shia LaBeouf), justo después del funeral de su hermano gemelo Ethan (a saber, ex marine del gobierno) se encuentra con que su cuenta bancaria se atiborra con unos cuantos miles de dólares, y para más remate, en su pequeño departamento encuentra armamento militar clasificado. Su teléfono suena y una voz femenina le advierte que el FBI hará una redada en exactamente 10 minutos. La aventura comienza.

Por su lado, la joven madre Rachel Holloman (Michelle Monaghan) recibe una llamada similar invitándola a seguir instrucciones si no quiere que el tren donde viaja su pequeño hijo Sam se vuelque en plena vía. Su calvario comienza.

Rachel hará todo lo que esté a su alcance para salvar a su pequeño hijo Sam.

A lo largo de la historia vamos develando de a poco la enmarañada historia de imposibles complots que amenazan la seguridad del Estado de los cada vez más paranoicos Estados Unidos de América, que desde la Guerra Fría nos viene Hollywood entregando premisas acerca de sendas maquinaciones políticas que amenazan con destronar lo que el americano promedio conoce con el nombre de “libertad”.

Pero bueno, si dejamos de lado la actualidad mundial y el sentimiento patriota de los gringos (sobre todo tan disminuido por estos días después de la debacle de la Bolsa), podemos encontrarnos con una película ágil, dinámica, entretenida que bien hace en ponernos en los pantalones de los protagonistas en cuestión y en el qué haríamos si una situación así nos obligara a ceder; primero en cuanto al desarrollo del personaje de LaBeouf, un lobo solitario siempre disminuido por la imagen de su hermano, cosa que le recuerda su padre el mismo día del funeral del marine. Por otro lado, y mucho más fuerte e impactante, las decisiones que debe tomar la joven madre, interpretada por la dócil Monaghan, para salvar a su hijo. Ahora, lo entretenido de Control Total es que comienzas a cuestionarte el qué harías tú si… cuando la máquina de la premisa ya te lleva al siguiente paso en la historia.

Pérez y Morgan intentarán resolver el intrincado puzzle que tienen en frente. Al parecer nada es como creían.

Con Billy Bob Thornton como el Agente Especial Thomas Morgan del FBI y Rosario Dawson como Zoe Pérez de la Fuerza Aérea, personajes secundarios que ayudan a dilucidar la trama de Control Total, y la aparición de Michael Chiklis como el Secretario de Defensa Callister como el desarrollador de un programa especial de seguridad nacional que involucra el máximo secreto estatal.

Bueno y entretenido thriller para ver este fin de semana.

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Cuando sale una nueva cinta chilena, nos vemos embobados con lo que ello significa. Y está claro, ya que en el país son muy pocos los estrenos que contamos cada año. Afortunadamente ese es un número que va in crescendo y que bien se ha sabido aprovechar. Pero el dejarse engañar por esta road-movie es un hecho garrafal. Si bien ya ha ganado sus buenos premios en el extranjero, Desierto Sur no es una película a la que podemos clasificar de chilena, ni siquiera en la buena onda de mostrar nuestro terruño que bien mal parado deja.

Sofía (Marta Etura) es una nadadora catalana de competición que por estar en un torneo no alcanzó a despedirse de su madre que moría al tiempo en que ella ganaba una medalla. Al llegar al hospital cae en cuenta de su error y decide no volver a nadar nunca más, y en pleno luto descubre una carta que la ligaba a un lugar llamado Desierto Sur, un lugar de Chile en donde supuestamente la señora había pasado sus mejores años con un hombre llamado Iñaki. Sofía, ante el descubrimiento decide empacar las cenizas de su madre y partir rumbo al culo del mundo en busca de este lugar. En esta aventura es acompañada por Nadia (Carolina Varleta), una malabarista vagabunda que desde que sus padres se separaron viaja sola por Chile, y por Gustavo (Alejandro Botto), un argentino canchero que oculta un grave secreto. Sofía, no obstante, comienza a desconfiar de todo y todos. Se encuentra fuera de su país y fuera de su elemento. Todo es árido, las personas son secas. Lo único que quiere Sofía es entender el por qué su madre fue alguna vez feliz tan lejos de España.

Sofía deja atrás todo lo aparentemente conocido rumbo al fin del mundo.

Si bien la historia del drama de Sofía nos toca a fondo y la manera con que el director Shawn Garry nos motiva con el montaje inicial, comenzamos la película con una disyuntiva que se resuelve con mucha ligereza, ¿acaso no sabe el director la cantidad de documentos que se necesitan para sacar los restos de una persona al extranjero? ¿Más aún siendo mitad gringo? Esos son errores que la audiencia crítica no perdonará. O quizás sí, pero lo que vendrá es posible que por supuesto que no.

Una vez que Sofía llega al país, la vemos arriba de un taxi en lo que se supone es el recorrido del aeropuerto hacia la estación de buses. O la gente de producción nunca a manejado el trayecto o derechamente el taxista le dio la vuelta del hueón a la pobre catalana. Ya, estamos, es sólo una película. Pero…

Nadia dice viajar a Copiapó a ver a su madre.

Consideremos que también a Sofía la carterean de una forma muy… ¿cómo decirlo? pauteada; a la gente que está mirando el show de Nadia parece que le pagaron muy poco como extras porque nunca he visto risas más falsas, ni siquiera viendo a los Dinamita Show en la calle. Ya, estamos, sigue siendo una película. No obstante…

El personaje de Carolina Varleta, aunque muy bien interpretado, es un totaly pain in the ass. Shit, como si aparte de cimarrera, tenía que ser ladrona. Mal. Después viene, a falta del galán criollo, el típico argentino canchero, minero, que las puede todas. ¿Qué onda? ¿En qué quedó eso de película chilena? Más encima el loco se conoce todo el desierto como si fuera la palma de su mano.

Un argentino, una española y una chilena. Parecen tres personajes para un chiste que esta vez aparecen en una película que no logra su objetivo.

Después vienen los parajes autóctonos. Veamos, conozco el norte de mi país, y la fotografía del señor Pau Monrás es impecable, de ensueño en algunos pasajes de la historia, pero creo que fue un poquito demasiado el mostrar al norte de Chile como si fuera un carnaval altiplánico. Señores, es una película, una historia, una ficción, no un video de turismo.

Y para terminar, si fuese un video turístico, nadie querría visitar un país de ladrones, travestis con complejo de hada madrina, mentirosos e hipócritas (Héctor Morales), hasta un ermitaño ibérico (Héctor Noguera)que alcanza como una anécdota más en esta película. Todo mal. Bueno, no todo, para ser justos… La banda sonora es increíble, unos temas que logran subir la película, la fotografía de la que ya he hablado y, por último, la actriz española Marta Etura, sólida como la perdida Sofía.

Shaun Garry falla en lo que Pablo Larraín vence con toda naturalidad.

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Hay veces en que cuando rompimos con nuestra pareja el mundo comienza a disminuir su velocidad habitual hasta el instante de parecer detenerse en frente nuestro. No se nos pasa la historia de nuestras vidas como si estuviésemos a punto de morir, sino que la vida misma pone pausa y todo aquello que pareciera importar yace inmóvil, no obstante sin vida a vista y paciencia de nuestra evidente desesperación. Claro que también estas emociones son más patentes cuando se es joven y se está estudiando.

Ben Willis (Sean Biggerstaff) es un joven estudiante de arte que decide dejar a su hermosa novia Suzy (Michelle Ryan) porque cree no poder complacerla en todo. Cuando se da cuenta de su error, y al Suzy no querer volver con él, Ben comienza a desarrollar un prolongado insomnio que lo hace incluso leer todos aquellos libros que nunca disfrutó más sus siempre favoritos títulos. En este período es visitado por Shaun su amigote de toda la vida, un espécimen que si bien le va bien con las chicas, estas terminan botándolo a los pocos minutos, quien le brinda su escaso aporte. Al no poder conciliar el sueño, y al darse cuenta que le sobran seis horas de vida diaria, decide emplearse como reponedor nocturno en un supermercado, donde conoce a los torpes Barry, Matt y Brian “Kung-Fu” quienes son siempre hostigados por el engreído Jenkins el gerente de la nocturna. Así sus horas pasan largas hasta que se da cuenta que puede parar el tiempo a su antojo y así disfrutar de la belleza de cada momento o situación. Pero es en uno de estos quietos momentos cuando Ben planta su mirada sobre la enigmática Sharon (Emilia Fox) y de a poco se da cuenta que puede ser ella la indicada que lo devuelva a la tranquilidad de una vida normal.

Ben deberá lidiar con la privación de sueño que lo ha llevado a ensimismarse en su estético mundo .

Sean Ellis realizó un corto del mismo nombre el 2004 y donde los protagonistas esta vez se repiten el plato en una comedia muy inglesa al estilo Guy Ritchie pero sin balas ni gánsteres de medio pelo, y donde la historia, me atrevo a decir, queda mucho más impresa en la retina del espectador que las aventuras fílmicas del marido de Madonna. Y no es que me desagrade Ritchie (de hecho me fascinan sus películas) pero la historia de Ben y su búsqueda por la belleza y la tranquilidad, todo conjugado con el ritmo, los graciosos personajes y sus situaciones, hacen de esta una joya que, debo admitir, es muy difícil de clasificar.

El varipinto submundo de personajes hará más llevadero el suplicio del protagonista a la vez que el espectador se reirá a carcajadas de sus tonterías.

Por un lado está la picardía del cockney, ese inglés de medio pelo representado por los empleados y la caricatura de jefe, tipos que al parecer no tienen meta alguna, o por lo menos ninguna muy importante. Por otro lado están las situaciones hilarantes que acompañan toda la película y y la forma que tiene Ellis de mostrarnos el porqué Ben es de tal forma al remontarnos de sus fechorías de niño junto a Shaun, todas estrategias que hacen más llevadera la metafísica y la filosofía que desencadena el protagonista con sus dudas, reflexiones e intentos por cambiar. Y quizás esto último sea la gran diferencia entre las comedias gringas y aquellas que rara vez nos llegan del otro lado del charco. Y (una vez más) es esta la diferencia que hace creíble la cualidad de Ben de parar el tiempo.

¿Puede ser que aquella, la indicada, pueda devolvernos la tranquilidad que necesitamos?

Claro. Si le comentas a un asiduo del pop-corn que en esta película, el protagonista tiene la habilidad de detener el tiempo, al instante te preguntará si es que este era un superhéroe, o si utilizaba un aparato mega ultra sofisticado que detiene las moléculas temporales para dios sabe qué, o, por último, si es que Adam Sandler está involucrado (bueno, con Saldler todo es posible).

No sabemos ni el por qué ni el cómo. Lo importante en Cashback no son tan inocuas interrogantes. Lo importante es el llegar a buen destino.

Nota aparte: Cashback significa el cambiar un bien o un servicio por dinero. En este caso Ben tranza su tiempo en el súper por efectivo.

Ojo: Michelle Ryan es la nueva Jamie Summers en la Mujer Biónica.

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En un mundo post apocalíptico, donde la gran mayoría vive hacinada en países socialistas, donde el golpe fatídico lo dio el cambio climático, un mercenario que responde sólo al nombre de Toorop (Vin Diesel), un norteamericano que pasa sus días en una Rusia más Soviética que contemporánea, y que a su propio país no puede entrar por ser uno de los más buscados terroristas, es reclutado por el gangster Gorsky (Gérard Depardieu) para transportar a una joven chica llamada Aurora (Mélanie Thierry) a suelo americano y entregarla allá a la orden religiosa a la que pertenece. Claro que en el camino los acompañará su tutora, la Hermana Rebeka (Michelle Yeoh) y desde el comienzo la acción y el descontento social se harán presente al tiempo en que el duro Toorop reconsidera su estilo de vida y se va suavizando cada paso un poco más.

Misión Babilonia tiene todo lo que cintas como Mad Max siempre soñaron con tener: la tecnología y el presupuesto necesario para llevar a la pantalla el caos post nuclear hasta un nivel casi trend. Vemos una Rusia como hubiera tenido que ser si el comunismo no hubiera sido derrocado por Yeltsin, y una Norteamérica que será si es que McCain sale favorecido. Claro que todo un poquito más lejos. En pocas palabras Misión Babilonia es un compendio de todas aquellas películas futurísticamente catastróficas de la década de los ’80, con todas sus ventajas de sub-género, pero lamentablemente con todos sus errores sociales, todo en una cápsula demasiado larga para su escasa hora cuarenta.

En el manual de los duros encontramos que nunca desesperarás cuando muchas armas te apunten.

Con el duro de Toorop vemos re emergiendo el héroe de antaño, remozado con tintes cool a lo Triple X, o a lo prisionero espacial, y es que el nivel de acrobacias nos recuerda al agente secreto exprés de xXx, también resalta en una sola película lo que Pitch Black y The Chronicles of Riddick intentó hacer mostrando en la primera a un despiadado asesino y en la segunda un cruento salvador del universo. Toorop es un, en apariencias, sádico asesino que cambia su giro gracias a la enigmática Aurora.

Un muy maquillado Depardieu le entrega a Toorop la clave para entrar a Norteamérica: un pasaporte ilegal, pero que bien funciona.

La película, no obstante, entretiene y deja volar la imaginación a estos mundos post apocalípticos que todavía no pierden adeptos y seguidores. La premisa es básica y la introducción a la misma nos motiva a develar el final de la aventura. “Lamentablemente esto lo tuve que aprender el día mismo de mi muerte”, reza Toorop en los primeros minutos del filme. Lamentablemente y con los varios y necios puntos de quiebre al final del viaje, el director de la misma, el también actor Mathieu Kassovitz debe de estar maldiciendo en su francés natal el error de su película, basada en la tercera novela del también francés Maurice G. Dantec, “Los Bebés de Babilonia”.

Muchos son los que quieren a la pequeña Aurora y su secreto, pero Tootop está empecinado en salvarla de los chicos malos.

Si bien creo que este tipo de historias funciona mucho mejor a nivel literario, donde la imaginación del lector permite la más alocada de las premisas, en la pantalla grande, por muy state of the art de los efectos digitales, el sólo echo de una idea descabellada irrita hasta al menos susceptible de los asistentes.

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A Griffin (Dermot Mulroney) su doctora le recalca lo que otros especialistas ya le han dicho: le quedan pocos meses de vida debido a un invasor cáncer que lo aqueja. Como es de esperar, la vida de Griffin da un vuelco inesperado en el cual su mayor preocupación son sus dos pequeños hijos que viven toda la semana con su madre. Pero su vida sufre un cambio cuando asiste a una charla acerca de la muerte en la Universidad y donde conoce a Phoenix (Amanda Peet) una hermosa joven a la que intenta seducir. Cómo no, Griffin se la juega con todo, la convence, pasan buenos ratos, hasta que descubre que a ella también le han diagnosticado cáncer y también le quedan pocos meses de vida. Es entonces cuando Griffin y Phoenix (título original de la película) deciden vivir la vida a como de lugar hasta que uno de los dos parta primero.

Griffin, contando con tan poco tiempo, tirará toda la carne a la parrilla para conquistar a la grácil Phoenix.

Este remake de una telefilme setentero del mismo nombre (donde actuaba el  célebre Peter Falk), es la típica historia de amor implacable donde el… amor se despliega por toda la pantalla, no obstante, y esto es muy de los ’70, el toque trágico onda Love Story de los amantes a quienes la muerte los separará, antes de tiempo, claro está.

El destino les tenía preparada una sorpresita a Griffin... y a Phoenix.

Con dos años de retraso, Una Lección de Vida (2006) nos llega a las salas nacionales en un estreno prescindible para las vacaciones de Fiestas Patrias. Si bien es verdad que la historia no deja de ser interesante, el giro dramático onda pantalón de elefante no le hace justicia a la temática; Amanda Peet (Martian Child, Fast Track) es la estrella indiscutida del dramón en la que, si bien, no otorga una interpretación soberbia, sí mantiene el ritmo de la cinta, opacando al siempre secundario Dermot Mulroney (Zodiac, About Schmidt) que a ratos intenta sorprender.

La cuestión entonces sería el cómo pasar el resto de nuestros días.

Pienso que el espectador de este siglo bien sabe que  ante tremenda paradoja, los personajes no debieran de comportarse como tiernos y juguetones infantes y darse a los placeres mundanos. Bueno, por lo menos eso no ocurriría con un personaje chileno. No resulta creíble si aplicamos la lógica económica financiera. Pero ese es mi punto de vista. Lamentablemente el director Ed Stone sólo ha maquillado una vieja versión de un amor sin barreras. Quizás es por esto que Una lección de Vida es hasta la fecha su única película como director.

 

 

 

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