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Archive for 27 agosto 2008

Ethan y Grace Learner (Joaquin Phoenix y Jennifer Connelly) vuelven de un concierto escolar donde Josh, su pequeño hijo, toca el cello. Ha sido un hermoso y agradable día y todos, junto a la pequeña Emma, viajan por la carretera de regreso al hogar.
Esa misma noche Dwight Arno (Mark Ruffalo) regresa con su hijo Lukas de un partido de baseball de los Red Socks. Dwight, ofuscado por la demora, corre a toda velocidad por la misma carretera que los Learner. Debe llegar rápido a dejar a Lukas con su ex esposa Ruth (Mira Sorvino) y una vez más va atrasado.
Frente a una estación de servicio los Learner paran. Josh sale del auto dejando a la pequeña Emma sola.
Dwight, viajando a toda velocidad, atiende el celular.
Josh cruza el camino.
Dwight distraído no lo ve.

Camino a la redención es una de aquellas pocas películas que te hace cuestionar acerca de las actitudes de los seres humanos, sus temores, su dolor y la impotencia ante la pérdida… de un hijo como de la tuición de otro.
¿Qué harías si te encontraras cualquiera de ambas dolientes situaciones? Esa es la inquietante pregunta que no dejas de hacerte durante el film.

Joaquín Phoenix es el profesor Ethan Learner, quien luchará hasta encontrar al culpable ede la muerte de su hijo.

Y es que Camino a la redención no juega con blancos y negros, sino que te imbuye en toda la gama de grises de una situación particular. Aquí no encontrarás ni buenos ni malos, sino seres humanos, y es ese el gran acierto de esta película. De hecho, lo más inquietante es precisamente el identificarte tanto con Ethan como con Dwight. Qué hacer te preguntas constantemente, mientras observas el devenir de dudas y retribuciones.

Dwight Arno es el abogado que tiene que optar entre hacer lo correcto y perder la tuición de su hijo, o el vivir por siempre tormentado.

Camino a la redención es una de las mejores películas en lo que va del año. Basada en el best seller del mismo nombre (Reservation road, en inglés) de John Burnham Schwartz. La versión fílmica, adaptada por el mismo Burnham Schwartz junto su director Terry George (Hotel Ruanda), utiliza una pacífica y calma pequeña ciudad del estado de Connecticut, donde todo es tranquilo y netamente norteamericano (las banderas en la calle principal y sus niños correteando por el parque casi nos marea de tanto patriotismo); al parecer nada malo puede suceder en una comunidad tan amable. Dicho escenario juega positivamente otorgando una sabia quietud en plena tormenta.

Grace (Jennifer Connelly) deberá luchar por sobreponerse y así no perder a su familia.

Este duro camino, que lleva a las profundidades del dolor humano, cuenta con dos grandes interpretaciones. Joaquin Phoenix (Walk the Line, We Own the Night) sigue consagrándose en papeles de carácter, mientras que el siempre invisible Mark Ruffalo (All the King’s Men, Zodiac) nos brinda una actuación magistral. Ambos están a la par y en pantalla se nota esa química brindándonos escenas impecables.

La siempre potente Jennifer Connelly (Blood Diamond, Little Children) se ve relegada un poco en pantalla, pero su participación no se ve mermada. Logra llevar la contraparte en un matrimonio que va directo al abismo. Ella es el equilibrio.

Sin embargo la poca aparición de Mira Sorvino (Final Cut, Gods and Generals) valía la participación de una actriz poco conocida. Poco se luce su personaje y muy poco aporta a la trama no dejando de ser importante.

Camino a la redención es un gran estreno de este año. Es una película humana sin otro efecto que el de permitir al espectador el pensar y cuestionarse su propio actuar.

Muy recomendada.

Estreno: jueves 28 de agosto.

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The Clone Wars

Soportando un cruento asedio en un lejano planeta, los generales Kenobi y Skywalker resisten a pesar de las numerosas bajas de su ejército de clones y de la ayuda que tarda en llegar. En Coruscant, mientras tanto, los maestros Windu y Yoda debaten con el Canciller Palpatine acerca de las nuevas de un ardid del siniestro Conde Dooku quien planea poner al clan Hutt, liderado por el inescrupuloso Jabba, en contra de la República y a favor de las demandas Separatistas y así mantener el bloqueo de la Federación. Para investigar el caso y detener a Dooku a Anakin le asignan la tarea y una Padawan demasiado joven y un poco intrépida llamada Ahsoka, cosa que no gusta del todo al ahora maestro.

Aprendiz y Maestro deberán sortear muchas aventuras en esta matiné digital.

The Clone Wars es la primera apuesta de animación digital que llega a la pantalla grande de la saga de Star Wars. Si bien hace algunos años, el 2003, Cartoon Network junto a Lucas Films realizaron para la televisión una serie llamada Clone Wars de 25 episodios divididos en tres temporadas, esta versión, a la que anteponen el “The” es claramente un capítulo aparte de aquella serie. De hecho son distintos los conceptos y los personajes son mucho más avanzados (visualmente hablando). Y si bien la serie para televisión triunfaba por sus tiempos muertos, sutiles pausas y desencadenada acción, esta película en cuestión triunfa en quitarnos el aliento al condensar bien las trabas políticas así como las confabulaciones urdidas.

Una vez más el general Kenobi nos sorprende por su astucia con el sable láser. Sin embargo, está siempre preocupado por su otrora Padawan.

No obstante esta película, aparte de resultar una anécdota en el universo Star Wars, nos trae un resultado más infantil que las símiles originales. Se agrega un nuevo personaje, la joven aprendiz de Jedi Ahsoka Tano cuya labor es la de inyectar nuevo dinamismo a la historia y gracias a la cual los más pequeños, sobre todo las niñas, se podrán identificar, a la vez que aprenderán un poco de humildad, algo de paciencia (namasté) y mucho de obligaciones (como ella cuida al pequeño hijo de Jabba, los niños debieran de cuidar a sus mascotas).

Pero también hay para los mayores. Encontramos mucha acción bélica (con un par de escenas en que gracias a la “cámara al hombro” nos sentimos como en el desembarco de Normandía versión Spielberg) así como duelos con sables láser. Adrenalínico.

En cuanto a la animación en sí, se logran muchos detalles que el buen observador agradecerá, como el sutil movimiento de la maquinaria pesada como la ligereza de los caracteres. Los fondos son “pintados al pastel” lo que entrega escenarios de gran belleza visual.

Los fondos nos ofrecen maravillosas escenas mientras tanto Clones como Droides son masacrados en cruentas batallas.

Se celebra esta entrega, lo tiene todo. Si bien hay hartos personajes, la trama no se excede en su sobre utilización. The Clone Wars es una película redonda, siempre que sea entendida como un capítulo aparte o un “time out” de la Star Wars original, incluso de la serie de Cartoon Network. No adelanta ni revela nada. Es otra aventura más antes del declive de la República, antes del Imperio.

No hay arrepentimientos. El treitón gozará con los ya conocidos personajes, y sus hijos disfrutarán gracias a la intrépida Padawan Ahsoka. Y todos reirán con la ineptitud de los Droides de batalla.

Pongan atención a la introducción cual noticiero de la Segunda Guerra Mundial en clave galáctica que nos informa de la “actualidad” entre Separatistas, República y Federación de Comercio. Un interesante y dinámico cambio.

Que la fuerza los acompañe.

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Wesley Allan Gibson (James McAvoy) es un don nadie que pasa sus días entre un trabajo sin futuro y una novia que lo engaña con su colega de cubículo. Más encima, el pobre de Wes sufre de constantes crisis de pánico que intenta controlar a punta de pastillas a pesar de su persistente y mórbida jefa y a su histérica novia que a cada rato le recuerdan lo inútil que es. “Lo peor de todo esto es que mañana se repetirá nuevamente”, nos comenta él, trágico.

Pero todo cambia cuando una sensual mujer llamada Fox (Angelina Jolie) le comenta inmutablemente que su padre (que lo había abandonado al nacer) había sido muerto esa misma mañana y que (dicho sea de paso) fue el mejor asesino que había existido. Es así como Fox lleva a Wesley a conocer a su jefe, un viejo de nombre Sloan (Morgan Freeman) quien le revela que su padre era miembro destacado de la Fraternidad de asesinos – “las armas del destino” – y que había sido diezmado por un miembro insatisfecho de la misma, el vil y calculador Cross (Thomas Kretschmann). De esta forma la realidad del patético Weley se ve trastocada al escuchar el llamado a vengar a su progenitor.

 

James McAvoy encarna al nerd que puede cambiar a una vida más cool, y bien que la sabe aprovechar.

James McAvoy interpreta al ñoño que tiene la oportunidad de cambiar a una vida más cool, y vaya que lo aprovecha.

 

 

Wanted es el poco esperado debut del ruso Timur Bekmambetov en campos Hollywoodenses. Bekmambetov es el autor de las celebradas Guardianes de la noche (2004) y su secuela Guardianes del día (2006), ambos títulos consagrados a nivel under por la simpleza en que muestra la complejidad de su argumento (le tregua terrenal de fantásticos seres en el Moscú de nuestros días), una simpleza adornada por una vorágine efectista con sabor a crudo de vez en cuando, que bien funciona y se agradece en su apoyo constante a la trama.

 

Ahora bien, Wanted funciona bastante bien en cuanto a la historia. Nos presenta a un personaje lerdo con el que muchos se verán identificados (sobre todo aquellos ñoños maldecidos por la virginidad eterna) que casi mágicamente cambia su destino y se ve forzado a prepararse para cumplir su elevada misión, siempre acompañado por la sensual Fox y guiado por Sloan, su ahora mentor.

 

Fox es la amiga-sexy-jamás-novia del pavo Wesley. Intrépida y audaz, no sería muy buena chica Bond.

  

No obstante la “simpleza” de la historia se ve mermada por la demasiada turbulenta aventura efectista, que tantos frutos le había deparado a Bekmambetov en su corta carrera rusa. Es quizás el sueño del pibe, ya que el moscovita se ve inmerso en soñadas superproducciones. Al parecer el bueno de Timur quiso tirar toda la carne a la parrilla para que no se notara pobreza. Y es así como Wanted tiende a zozobrar… pero no se hunde gracias, paradójicamente, a la fantasía que conlleva la acción; esa fantasía que por medios supra humanos le permite al héroe cambiar su destino (por muy apócrifo que eso nos parezca).

 

En cuanto a la actuación, James McAvoy (Expiación y El Último Rey de Escocia) nos entrega una caricatura de personaje al que a veces dan ganar de abofetearlo y gritarle que se comporte como hombre. Angelina Jolie (Changeling y Kung Fu Panda) la siempre sensual y poco ortodoxa femme fatale a la que, a juzgar por su desnudo posterior, le faltan unas buenas cazuelas. Morgan Freeman (El Caballero de la Noche y Antes de Partir) es el más sólido y compuesto, aunque todavía me pregunto porqué aceptó hacer esta película. Thomas Kretschmann como siempre serio y mudo, casi inmune a toda expresión. La sorpresa va de la mano de un desgastado Terence Stamp, algo breve pero que sorprende.

 

Sloan es el cabecilla de esta Fraternidad de asesinos. Me pregunto si también será el primero de color.

 

 

Si dejamos a un lado lo fantástico de gran parte de las escenas; si reímos con lo absurdo del poder curvar el trayecto de las balas; y si hacemos caso omiso de esta fraternidad de sicarios que por el día se dedican a tejer; y, por sobre todo, si hacemos la vista gorda en cuanto a su absurda metodología de designar sus objetivos, veremos que Wanted es una película que entretiene y que dejará eléctricos a los más ñoños.

 

Ahora las recomendaciones. No asistan con sus novias (si es que las tienen) porque se van a aburrir y no los dejarán ver a Angelina Jolie. Vayan sobre todo para entretenerse. Si buscan eso, no duden en ir. Pero si son de aquellos que critican todo porque no es ni independiente ni europeo, vayan al cine, compren su entrada y diviértanse, relájense… un poco aunque sea.

 

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Una experiencia musical que sutilmente se aproxima al mito de Prometeo, caracterizado en esta oportunidad por los sexagenarios The Rolling Stones. Y es que tal como el Titán de la mitología griega, el cuarteto de bretones ha robado el fuego sacro de la divinidad olímpica y lo han utilizado en pos del rock & roll. Y es esa en efecto la gentileza que nos entrega este registro, ya que Martin Scorsese logra, entre interpretaciones, tratar el tópico de la eterna juventud de los Stones, sazonándola con aquellos toques de humor característico de sus entrevistas a través de los años. Es así como podemos apreciar a un joven Mick Jagger decir que quizás como banda continuarían quizás por un año más; todo esto en plena década de 1960.

Y es de esta forma como Scorsese fomenta el moderno mito de los Stones, tanto mostrando la envidiable vitalidad de sus integrantes en escena (todavía no logro explicarme cómo Mr. Richards continúa vivo), como revelando su desarrollo personal como estos seres que no se rigen por ley natural alguna. Ojo, que no se los trata ni como si fuesen farándula ni como modernos pensadores, sino tal y como deben ser: un misterio para su público cada vez más diverso, etáreamente hablando.

Los Stones junto a Buddy Guy, uno de los tantos y variopintos invitados de la velada.

En suma es como ver un recital, pero en la pantalla grande (ojo que el organizador del evento es Bill Clinton). Sin embargo, Scorsese no se anima a mostrarnos el vetado backstage, sino en los primeros minutos del registro. Se echa de menos el adentrarse en el averno de la trastienda, a lo que Marty sólo nos calma con muy poco metraje al respecto, calmando nuestra sed de curiosidad. A este respecto Scorsese falla en lo que Adrian Maben conquistó en Live at Pompeii, el sicodélico registro de Pink Floyd de 1972 en las ruinas de Pompeya. No obstante, y gracias a la energía desplegada en escena, al manejo de Jagger con su público, a esos momentos genialmente improvisados, es que podemos afirmar que los ingredientes fueron entregados y sazonados por los Stones y que Scorsese sólo ofició de cocinero, no como chef.

Richards proponiéndole a Scorsese un par de tomas minutos antes de empezar el show.

Quizás una experiencia total para el verdadero fanático de los Rolling Stones (y de sus múltiples invitados), no tanto así como para el seguidor acérrimo de Martin Scorsese, quien al principio lo vemos tan rockstar como Mick y compañía, pero que desaparece al momento que las luces del Beacon Theatre se encienden y las guitarras de Richards y Woods estremecen a la audiencia, seguidos del compás del siempre flemático Watts. 

Sorprendente es la vitalidad de estos viejos para producir un ambiente tan hedonista.

Por sobre todo, Shine a Light es un festín dionisiaco desde el Olimpo del Rock.

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